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  • Héctor Chiviló

VOLVER A NAVEGAR



Después de seis meses de prohibición absurda, el gobierno habilitó la actividad de “Vela Deportiva Individual”, y pude volver a navegar.

Fue un reencuentro con mi velero, con mi ambiente y conmigo mismo.


Volver a sentir el barco, el viento y el agua con todos mis sentidos.

Los sonidos, los aromas, los reflejos, la textura de los cabos, la inmensidad.


Las velas estaban acostumbradas a los pliegues del descanso y las drizas zigzagueantes por los adujes extendidos en el tiempo.


Sentí mis brazos demasiado relajados para el esfuerzo necesario y mi mente saltaba entre el presente novedoso y la experiencia acumulada después de medio siglo navegando.


Reconocí muchas acciones automáticas, que volvieron a ser conscientes: izar y arriar velas, cazar y filar escotas, encender instrumentos de navegación y leer la información, poner en marcha el motor. Todo era conocido, pero nuevo a la vez.


Después de navegar durante cuatro horas me di cuenta de que, para mí, la navegación a vela no es un deporte, ni un pasatiempo.


Navegar a vela es la fuente de inspiración de mis obras y parte fundamental de mi ser.



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